III: LA CARTA
Necesitamos un chivo expiatorio. Alguien que realice el trabajo sucio y no mache su reputación majestad.
— Lydia, Ministra de espionaje. Año 526.
Reino Norte. Año 526. Bastión Sol Radiante.
El rey, Alejandro III, procedió a leer el contenido de la carta de manera tranquila y reflexiva. Tomó la carta mientras la atmosfera de la sala se volvía tensa ante las palabras que iban a ser pronunciadas. Con un gesto firme rompió el sello y leyó su contenido. Inicio la lectura con una calma serena, pero esta ocultaba un terrible miedo.
Querido Alejandro,
Solo te diré esto una vez. Hace unos días cumplimos el contrato establecido. Piedra Alta ha sido destruida y, aparentemente, todos sus habitantes han muerto. Cumplimos el trato. Nos debes dinero ¿Dónde está?
Mis espías me han informado que un que hay un superviviente. Un testigo incómodo para ti. ¿No sabes de quién estoy hablando? Es el hijo del herrero. Mis hombres lo arrojaron a un pozo, pero milagrosamente ha sobrevivido.
Te lo advierto, majestad, si no cumples tu palabra mataré, saquearé y destruiré todo tu reino. Lo convertiré todo a ceniza. No te equivoques, mis manos están manchadas de sangre. No me hagas venir a buscarte, porque no será agradable para ti.
Soy un hombre paciente, pero mi paciencia tiene límites. Te he enviado un regalo. Espero que lo disfrutes.
Dutch, Líder de Los Lobos.
Cuando el rey termino de leer la carta se dirigió a las catacumbas donde habían dejado el regalo de Dutch. Cuando abrió la caja vio la cabeza de una joven de piel morena. El rey ordenó dar sepultura a los restos y reunió a sus ministros en una reunión de emergencia.
Reino Norte. Año 526. Capilla Radiante.
-Hay que matar a este monstruo lo antes posible mi señor ¿Qué podríamos hacer? – dijo Cráneo, el ministro de defensa. – Quizás… el chico que sobrevivió. Podríamos entrenarlo para que intente acabar con él.
-¿Estás loco? No tendría la más mínima oportunidad contra Dutch. Hemos enviado a nuestros mejores guerreros y todos acaban en el mismo estado. Muertos – Dijo Lydia en un tono serio-. Majestad, ¿y si mandamos al batallón que acudió al rescate de Piedra Alta? Un último intento para acabar con ese monstruo.
En ese momento Alejandro giro la mirada hacia Robert, el ministro de justicia.
-Viejo amigo ¿Tú qué harías?- Dijo Alejandro a su leal y fiel ministro Robert.
-El plan de Lydia podría funcionar. Démosle un voto de confianza. La mujer es joven, pero ha demostrado una gran sabiduría en sus decisiones.
-Decidido entonces. Robert: mañana parte hacia Puerto Norte y forma al nuevo escuadrón. Espero que el chico todavía siga con vida.