VI: ALLAN
La Torre Escarlata se encuentra en El Reino Norte. El lugar es el sitio exacto donde ocurrió Calamidad hace ya tantos años.
— Desconocida.
Reino Norte. Año 528. Torre Escarlata.
La noche caía sobre el campamento, envolviéndolo en un manto de sombras que solo era interrumpido por el débil resplandor de las antorchas dispersas entre las tiendas. En la tienda principal, Dutch permanecía junto a una mesa, donde mapas estratégicos y pergaminos con informes de inteligencia se extendían desordenadamente. La noticia de la proximidad de Tristán había agitado el tranquilo ritmo de la vida en el campamento, y Dutch estaba decidido a aprovechar cada oportunidad para asegurar la victoria.
María entró en la tienda. Sus pasos eran firmes y decididos, reflejando la determinación de una guerrera que había jurado lealtad a su líder hasta el último aliento.
-Nuestros espías informan de que Tristán se aproxima a nuestra ubicación Dutch. ¿Qué deberíamos hacer? -dijo María.
-Permitámosle que vengan. Mientras tanto manda a Sombra y Némesis. Quiero que les tiendan una emboscada justo antes de que lleguen.
-Así se hará mi señor.
Sombra y Némesis eran los temibles hermanos que habían saqueado y asesinado a la mayor parte de la población de Piedra Alta.
Con un gesto de determinación, María se despidió de Dutch y salió de la tienda, dejando atrás el calor reconfortante de la luz de las antorchas.
La noche estaba viva con el rumor de la actividad frenética mientras los rebeldes se preparaban para el enfrentamiento que se avecinaba. En medio de la oscuridad, Sombra y Némesis se deslizaban como fantasmas, su presencia apenas perceptible mientras se preparaban para desatar su letal emboscada sobre el enemigo.
Reino Oeste. Año 456. Bastión Escarpado.
Los pesados pasos del ministro Cráneo resonaron en la gran sala del castillo de Bastión Escarpado, anunciando su llegada ante el majestuoso trono donde el rey Allan aguardaba. La presencia del ministro siempre traía consigo un aire de intriga y conspiración, como si cada palabra que saliera de sus labios estuviera envuelta en un velo de secretos y maquinaciones.
-Majestad. El ministro Cráneo ha llegado -anunció la llegada el guardia que lo escoltaba.
-Permitirle pasar -ordenó Allan. Su voz resonó con autoridad a lo largo de la sala.
El ministro Cráneo avanzó con paso seguro hacia el trono. Se decía que él y Allan compartían una alianza secreta, una complicidad que iba más allá de lo que los ojos podían ver.