EPÍLOGO: EL DESTINO DE TRISTÁN

Robert, cuando llegue el momento, deberás decirle a Calavera que encierre a Tristán. De esa manera, no habrá ningún testigo.

— Alejandro IV. Año 526.

Reino Norte. Año 530.

En el Reino Norte, dos años después del incidente en la torre Escarlata, el destino de Tristán tomó un giro inesperado. Las sombras del pasado se alzaban nuevamente, tejidas con hilos de traición y venganza.

Mientras el viento susurraba entre los árboles del antiguo Camino Escarlata, Tristán se encontraba en una encrucijada, enfrentándose a un enemigo que conocía demasiado bien: la banda de Dutch y el ministro de justicia Robert.

Las palabras grabadas en la antigua cárcel resonaban en su mente, recordándole la maquinación urdida por aquellos en los más altos círculos del poder. "Alejandro IV", el nombre clave para una maniobra que lo conduciría hacia su perdición.

Con cada paso, la sombra de Alejandro IV, como un espectro del pasado, parecía acecharlo. Y en medio de la oscuridad, una figura se alzaba ante él, emitiendo una presencia ominosa que helaba su corazón: Calavera, el maestro de marionetas cuyos hilos se extendían hasta los rincones más oscuros del reino.

Las palabras de su amo resonaban en su mente como un eco siniestro.

Robert, el fiel servidor, se convertiría en el verdugo de Tristán, sellando su destino con el silencio de la tumba.

Pero Tristán no era un títere fácil de manejar. Con la determinación ardiente que siempre había caracterizado su espíritu, enfrentó su destino con valentía. Con cada paso que daba, se alejaba de las sombras que intentaban atraparlo, desafiando el designio de aquellos que buscaron su destrucción.

En medio de la noche, mientras la luna iluminaba su camino con su luz plateada, Tristán avanzaba hacia un futuro incierto, pero con la certeza de que su lucha por la libertad y la justicia aún no había llegado a su fin. Su historia, marcada por la traición y la intriga, continuaría escribiéndose en los anales del tiempo, como un recordatorio de la fuerza del espíritu humano frente a la adversidad más oscura.