V: LA COSA
Tristán se recuperó de manera milagrosa. En otras circunstancias habría sufrido cojera, o en el mejor de los casos, habría quedado postrado en la cama toda su vida. Nadie en el reino sabe cómo ese muchacho ha podido recuperarse…
— Médico de campo.
Reino Norte. Año 452. Brumosa.
Un alarido desgarrador, como el lamento de las almas atrapadas en el abismo, rompió el sereno silencio nocturno en Brumosa. El viento, testigo mudo de la tragedia inminente, llevó consigo el grito de Elías, el guardia anciano cuya voz, cargada de temor y urgencia, resonó por las calles del tranquilo pueblo.
-¡Demonios, a las armas! -dijo la voz de Elías, el viejo centinela. Su voz estaba cargada de terror se propagó a todos los habitantes.
Las campanas de la iglesia, testigos silentes de incontables tragedias y celebraciones, repicaron con un sonido atroz, anunciando el peligro inminente.
Los soldados guardianes, hombres y mujeres valientes forjados en el fragor de la batalla, empuñaron sus antorchas con determinación, listos para enfrentar a los seres que llamaban demonios: criaturas de la oscuridad cuyas formas y motivaciones se perdían en las sombras del tiempo, pero cuyo único propósito era sembrar el caos y la destrucción.
-¡Mi espada por Brumosa!¡Por el rey! -dijo el noble soldado.
-¡Que los dioses nos protejan! -murmuraron otros, con la esperanza como única compañera en la oscuridad de la noche.
Los demonios cargaron con ferocidad contra las murallas de Brumosa, como una marea oscura decidida a engullir todo a su paso.
Un demonio se aproximó y empezó abrió la boca. Sonrió a los soldados en el proceso.
-Humanos inútiles. Reduciremos este insignificante poblado a cenizas, y con él, todo el reino -escupió uno de los demonios, su voz terrorífica resonando con malicia y desprecio.
Algo cayó del cielo. Un destello azul cruzó el cielo e impacto en el castillo del noble que protegía a sus súbditos. Una niebla se propagó en Brumosa de una manera acelerada y, tras unos instantes, una figura titánica se alzó. Era tan grande que su sombra cubría un edificio completo.
-¿Qué es esa cosa? -preguntó un aldeano, su voz temblorosa y llena de asombro.
-¡Ha caído del cielo! -respondió el aldeano.
Y entonces, como si la aparición de la titánica figura fuera el preludio de un milagro, la niebla comenzó a disiparse lentamente, arrastrando consigo la oscuridad que amenazaba con engullirlos. La figura desapareció en la misma niebla que la había traído, pero con su partida, también se desvanecieron los demonios que asediaban Brumosa. La calma retornó al pueblo, y con ella, una nueva luz de esperanza comenzó a brillar sobre el reino.
Reino Norte. Año 528. Cementerio Abandonado.
-Esa es la historia que cuentan de Brumosa Tristán -Dijo el capitán Miller en tono tranquilo.
-¿Samara es guapa eh? Porque no te acercas y haces que se relacione con el grupo, la chica es demasiado rara e introvertida -Dijo Gonza, el maestro de armas.
-Prefiero centrarme en la misión. Es mejor no juntar el trabajo con lo personal -Dijo Tristán.
El destacamento pasó la noche sin incidentes, pero el aire estaba cargado de tensión y anticipación. Cada día que avanzaban los acercaba un paso más a la Torre Escarlata, y con ello, al enfrentamiento inevitable con Dutch.