IX: PREGUNTAS Y RESPUESTAS
¿Qué es lo que quieres de mí, Calavera? ¿Más información sobre nuestros planes?
— Tristán.
Reino Norte. Año 528. Torre Escarlata.
La mazmorra estaba envuelta en una penumbra opresiva, apenas iluminada por el débil resplandor de la antorcha que Calavera sostenía en una mano. El fuego danzaba en la oscuridad, proyectando sombras grotescas en las paredes de piedra húmeda. Tristán, con las manos encadenadas y el rostro iluminado por el destello de la antorcha, mantenía una mirada desafiante hacia su captor.
- ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Más información de nuestros planes? -dijo Tristán en tono firme.
Calavera sonrió de manera siniestra. Se decía que dentro de la banda de Los Lobos era el mercenario más siniestro de todos. Incluso más que el propio Dutch. Todos los miembros del grupo de Tristán habían caído, y todo había sido llevado a cabo por Calavera.
- ¿Qué es lo que quiero? No, Tristán. Ya tengo toda la información que necesito de ti y de tus cómplices. Pero… hay algo más que si podrías ofrecerme.
Tristán frunció el ceño tratando de ocultar su creciente preocupación. Calavera era conocido en todo el reino, y no precisamente para bien. Tras su diálogo inicial se aproximó a Tristán lentamente, el brillo maligno de sus rojos resplandecía en la tenue luz de la antorcha.
- ¿Qué clase de juego estás jugando torturador?
- No es ningún juego querido prisionero. Es simplemente mi manera de encontrar satisfacción en este mundo de sufrimiento.
- ¿Satisfacción? ¿Cómo puedes hallar satisfacción en la crueldad y el dolor que infliges?
Calavera dejó escapar una risa siniestra y miró a Tristán de manera fija a los ojos.
- Ah, Tristán… Tú y yo somos dos caras de la misma moneda. Ambos buscamos un propósito. El tuyo es resistir, el mío es hacer quebrar tu resistencia. Destruir tu mente y esperanzas. Te lo voy a demostrar.
Calavera abrió la puerta del calabozo y una figura entró por la puerta. Era Robert. El ministro de justicia de Alejandro III ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué estaba en la torre?
- Es hora de que sepas la verdad Tristán…