PRÓLOGO: LA BESTIA

¿Estás seguro de que esta es la acción que deseas emprender? Podría haber alternativas más seguras que no impliquen la pérdida de vidas humanas.

— Robert, Ministro de Justicia del Consejo Real. Año 526.

Lo llamaban Dutch, también conocido como “La bestia”. Un frío mercenario de origen desconocido. Era alto y musculosos, de piel oscura y sin cabello. Para algunas personas, un monstruo, para sus leales mercenarios, un héroe. Numeras son sus fechorías: violaciones, asesinatos, infanticidios, su cruel mente va más allá de lo que es capaz de procesar una mente humana. Algunos dudan incluso de que sea humano…

Reino Norte. Año 526. Piedra Alta.

-Esos paletos no tienen la más mínima oportunidad -dijo Dutch en tono burlón-. Decidle al mensajero que la tarea ha sido llevada a cabo, ah, y quiero que queméis la aldea por completo cuando terminemos, nada de testigos.

-Sí señor -balbuceo María, la médica de la banda conocida como Los Lobos.

Gritos desgarradores y casas de piedra ardiendo mientras el ocaso llegaba a su fin. Así era el modus operandi de la banda de Los Lobos. Primero llegaban y mataban a todos los habitantes de un sitio, y después, quemaban la zona, niños, mujeres, ancianos incluidos. Según las antiguas creencias del reino de Arkania el fuego purificaba y limpiaba el alma, aunque los métodos usados no siempre eran tan violentos.

Unas horas antes.

-Rápido sacad a todo el que podáis de la aldea, se acercan… -dijo el herrero, en un tono sombrío.

-¿Dónde está Tristán? -pregunta Anya- ¿Por qué no está aquí ayudándonos?

-Niña… Tristán a muerto. Lo han arrojado al pozo. Márchate por favor, eres nuestra única esperanza, busca a Robert, el sabrá qué hacer.

-¿Y qué hay de ti? -pregunto Anya con la voz triste- ¿Qué será de Piedra Alta? ¡Este es nuestro hogar, debemos luchar y no huir!

En ese momento un temible lobo de aspecto feroz, y un tamaño colosal se abalanzó sobre el herrero. Su mandíbula atrapó su cabeza en forma de pinza, y en ese momento, la cabeza del herrero exploto. Como si un niño pequeño hubiera pinchado un globo de agua.

Algo golpeo a Anya desde atrás y callo al suelo inconsciente. En la plaza del pueblo una voz tenebrosa y lúgubre se pronunciaba a los habitantes aterrorizados del pueblo.

-Habitantes de Piedra Alta: contemplad vuestra misera aldea por última vez -grito una voz demoniaca-. Mi nombre es Calavera. ¡Bienvenidos al infierno!